La historia del Rocket mail

Pocas personas en este mundo definen el correo postal como un área emocionante. Las razones de dicha concepción resultan un poco difíciles de especificar, pero pareciera que existe algo inherente en la meticulosa manipulación y entrega de múltiples trozos de papel que falla al captar la imaginación.

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Sin embargo, a lo largo del último siglo han aparecido algunos visionarios que se han propuesto cambiar esto: soñadores que vieron más allá de los camiones y las bolsas de correo, concibiendo medios para entregar revistas y tarjetas de crédito que sacudirían los cielos y hasta la misma Tierra. Contadas son las ocasiones en que el mundo ha presenciado algo tan grande y tan poco práctico como el rocket mail, o cohete postal.

 

Rocket Mail.

El Rocket mail representó una solución súper rápida y no tripulada para el transporte de correo que podía evadir obstáculos de consideración como grandes áreas boscosas y cuerpos de agua. El método preciso propuesto variaba de un defensor a otro, pero en esencia se trataba de algo simple y universal: un cohete, desde el medio metro de longitud o del largo de un automóvil, sería cargado con el correo y lanzado desde una plataforma hacía un objetivo.

Al llegar a destino, el artefacto estaría diseñado para ejecutar una de dos cosas: liberar un paracaídas y flotar gentilmente hasta la superficie o, en todo un espectáculo, chocar y hundir la nariz en el suelo, idealmente con su carga postal intacta. Suponiendo que lo hubieran perfeccionado, el Rocket mail sería enormemente superior a las formas convencionales de transporte postal

Experimentar con cohetes de carga representó un pasatiempo para muchos “inventores” de principios del siglo XX, y la práctica fue gradualmente refinada hasta el punto que se tomó en serio. En el año de 1931, Friedrich Schmiedl arrancó un servicio de Rocket mail en Austria tras un exitoso lanzamiento de cien piezas de correo entre dos pueblos austriacos. Entusiasmadas por este emocionante método de entrega, otras naciones rápidamente siguieron su ejemplo.

 

Una catástrofe anunciada.

Pero tan deslumbrante como era, los problemas inherentes al Rocket mail rápidamente salieron a flote. Quizá el detalle más relevante era la lamentable tendencia de los cohetes a estallar, un contratiempo que podía presentarse en cualquier punto del lanzamiento, vuelo o aterrizaje. Una serie de fracasos que recibieron publicidad por todas partes en la década de 1930 sirvió para disminuir de forma considerable el interés mundial en el Rocket mail.

Uno de los hombres responsables por la difusión de este sistema fue Gerhard Zucker, un empresario alemán que se prometió presentar al mundo el Rocket mail. Con una personalidad que oscilaba entre charlatán y empresario, Zucker vendió boletos para lanzamientos públicos en los que empleó paquetes grandes e impresionantes rellenos de pirotecnia. Sus lanzamientos parecían más una atracción de circo que una propuesta seria, y a pesar de ello atrajo cierta atención internacional. En el año de 1934, fue invitado a hacer una demostración para los oficiales del correo británico real. El 31 de julio de ese mismo año, ante una gigantesca multitud en una playa escocesa, Zucker encendió la mecha que definiría el rumbo de su carrera.

No por nada han apodado a Gerhard Zucker el peor ingeniero de cohetes.

No por nada han apodado a Gerhard Zucker el peor ingeniero de cohetes.

Zucker se jactó de que sus cohetes podían cruzar 400 km a 3500 km/h, y lo que se puede decir sobre las 1200 cartas empacadas ese día en el fuselaje del cohete es que sí alcanzaron una gran velocidad, en muchas direcciones y durante un corto periodo de tiempo. Zucker fue deportado a Alemania por “fraude postal”, donde escapó del compromiso en un asilo que le prohibió volver a experimentar con cohetes.

 

Éxitos fortuitos de los cohetes postales.

Asumiendo que el cohete se elevara del suelo en una sola pieza, aún quedaba la desafiante tarea de llegar hasta su objetivo con precisión. Un acercamiento típico a este problema fue hecho por Stephen Smith, un empleado del servicio postal indio que, entre 1934 y 1944, experimentó enviando cartas a bordo de fuegos artificiales sobrealimentados de dos metros de largo. El sistema de navegación de Smith, que consistía en apuntar el cohete en dirección al objetivo, encender la mecha y salir corriendo para cubrirse, quizá no estaba a la altura de las demandas de una sofisticada red de entrega postal.

Sin embargo, sus lanzamientos tuvieron un cierto porcentaje de éxito, y pronto empezó a hacer pruebas con paquetes, comida y aves de corral vivas que volaban distancias cortas. Smith murió antes de llevar sus ideas un poco más allá, pero en reconocimiento a sus acciones, el gobierno de la India emitió en 1992 un sello postal en su honor, ahí le llamaron “el creador del Rocket mail en India”. Irónicamente, no había una flota de cohetes postales que llevaran este sello.

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Sin duda alguna, esos primeros cohetes representaron una innovación, pero en términos de habilidades prácticas no pasaban de simples juguetes. Para entregar cargas de forma precisa a través de grandes distancias, los cohetes postales necesitaban de un diseño y sistema de navegación mucho más sofisticado. En resumen, hubieran tenido que transformarse en algo parecido a un misil de crucero.

 

La evolución a misil postal.

Y eso fue exactamente lo que hizo el gobierno de los Estados Unidos cuando se involucró en la moda de los cohetes postales décadas más tarde. Para un experimento colaborativo de 1959, entre el Departamento de Correos de EE.UU. y el Departamento de Defensa, se eligió un misil de crucero Regulus SSM-N-8 capaz de entregar una ojiva termonuclear de dos megatones en un rango de 950 kilómetros para que llevara una serie de cartas. El misil, con su tradicional carga útil retirada cuidadosamente, fue equipado con dos contenedores de correo que albergaban 3000 cartas.

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Desde una ubicación en las costas de Virginia, el misil fue lanzado por el USS Barbaro, un submarino estadounidense. Aterrizó veintidós minutos después en una estación aérea auxiliar en Mayport, Florida, donde su carga intacta (con envíos postales conmemorativos dirigidos a varios oficiales del gobierno) fue recuperada y entregada a la oficina de correos más cercana.

El experimento fue tomado con enorme entusiasmo. Mientras los detractores discutían sobre el mal juicio de lanzar misiles de crucero intercontinentales para entregar cartas en pleno apogeo de la Guerra Fría, otros ya se imaginaban un futuro esplendoroso con los misiles postales. “Antes de que el hombre llegue a la Luna”, predijo el administrador de correos de los Estados Unidos coronel Arthur Summerfield, “el correo será entregado en cuestión de horas entre California y Nueva York, a Gran Bretaña, India o Australia por misiles guiados. Estamos al límite del Rocket mail”.

Arthur Summerfield

Arthur Summerfield

No fue casualidad que el publicitado lanzamiento hiciera énfasis en la precisión de los sistemas de misiles estadounidenses de largo alcance. Pero en cuanto al propósito oficialmente declarado en la demostración, el lanzamiento fue menos exitoso. Al final, el experimento con el misil Regulus sirvió para subrayar los problemas con el Rocket mail. Utilizar misiles de crucero solucionó la mayoría de los problemas de navegación y precisión, pero a un costo injustificable. Los cuatro centavos que se pagaban por carta no justificaban una inversión de millones de dólares por misil. Mientras que el contenido de los cohetes postales se convirtió en objeto de colección, el experimento de 1959 fue el último hecho por los Estados Unidos en cuestión de cohetes postales.

 

Un imposible.

En los años posteriores a esto, el entusiasmo por un Rocket mail prácticamente se ha desvanecido. Y con la llegada del correo electrónico, ese sueño pasó a ser mucho más inviable. Sin embargo, aunque los aspectos prácticos del Rocket mail tal como se previó originalmente son dudosos, las promesas sobre la velocidad de entrega y versatilidad son algo que aún no se ha logrado por ningún otro medio.

Por eso quizá no resulta sorprendente que el Rocket mail aún tenga sus defensores. Esta clase de medio de carga ha sido propuesta para transportar suministros esenciales a sitios remotos como la Antártida. Desde el final de la Guerra Fría, Rusia siguió experimentando con sus misiles excedentes el Rocket mail. Quizá algún día el cohete postal sea más rápido y extravagante a cómo lo imaginaron sus primeros defensores.

De llegarse a desarrollar un vehículo completamente reutilizable, de una sola etapa, quizá abra la puerta a la entrega de paquetes con un cohete orbital. Aunque hablamos de un sistema costosísimo, que solo podría justificarse como un sistema de mensajería para la élite de negocios capaz de entregar un paquete en cualquier parte del mundo en menos de una hora.

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Durante la mayor parte de su escabrosa historia, el Rocket mail nunca fue más allá de un truco publicitario glamuroso. Pero a medida que avanzamos en el campo tecnológico, esta idea podría convertirse en algo más que un objeto ridículo y alcanzar su verdadero potencial: entregar paquetes a una velocidad digna de la era de la información.

Historia

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  • yanimeacuerdo prime Nov 9, 2016

    se podria…se podria…

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