Experimentos de inanición en humanos por Ancel Keys

A comienzos de 1945, un grupo integrado por 36 hombres estadounidenses descansaba sobre sus literas en un complejo sin ventanas, cada hombre sumido en sus pensamientos intentaba conciliar el sueño para aplacar el hambre que le carcomía el estómago. Hacía tan solo unas semanas todos eran sujetos perfectamente saludables, desesperados por servir a su país.

Sin embargo, su supervisor indicó que sus raciones fueran limitadas a la mitad, y los encargados de alimentarlos no tuvieron ningún tipo de reparo en obedecer las órdenes. Ahora se encontraban tan débiles que apenas y tenían energías para voltearse en sus camas. Durante el día trataban de mantener una sonrisa y bromear unos con otros para conservar su estado de ánimo, pero por las noches esa depresión que acompaña a la inanición se agudizaba, susurrándoles que tirarán la toalla, que se rindieran. Sin embargo, estos soldados siguieron de frente, pese a que en realidad no eran militares: era un grupo de pacifistas que se había ofrecido de forma voluntaria a sacrificarse en nombre de la ciencia.

 

Dr. Ancel Keys.

En 1943, poco más de un año antes de que el estudio sobre la inanición empezara, los Estados Unidos libraban su segundo año de batalla en la Segunda Guerra Mundial. En esa misma época la carrera del reconocido Dr. Ancel Keys estaba en ascenso. No solo empezaba a instalarse como jefe del nuevo Laboratorio de Higiene Fisiológica en la Universidad de Minnesota, sino que todo su trabajo recibía financiamiento directo de los pesados bolsillos del Ejército de los Estados Unidos.

Una Ración K completa.

En gran parte, este apoyo se debió al desarrollo de la infame “Ración K”, un paquete portátil de alimentos que contenía 2,830 calorías, 33 gramos de proteína, y gran parte de las vitaminas que un soldado necesita en un día. Pese a su baja popularidad en las filas del Ejército por su uso excesivo, los oficiales habían quedado tan maravillados con la Ración K que designaron a Ancel Keys como asistente especial del Secretario de Guerra e impulsaron sus investigaciones sobre los efectos de la nutrición e inanición en el cuerpo humano.

El Ejército no solo le ponía dinero en la cuenta a Keys, también le suministraba de forma constante voluntarios saludables para sus estudios, la mayoría hombres que habían rechazado hacer su servicio militar. Estos hombres habían rechazado ser enviados a combate por sus creencias pacifistas, y en lugar de servir a su país con un rifle en la mano, preferían cuidar a enfermos mentales, combatir incendios y mantener parques nacionales como miembros del Civilian Public Service, o CPS. Sin embargo, el Dr. Ancel Keys los veía como ratas de laboratorio para estudiar las deficiencias vitamínicas, los efectos de la sed y el estrés por calor.

 

Los soldados que pelearon en los laboratorios.

Mantenerles la moral arriba a los miembros del CPS resultó todo un desafío. Habían rechazado el servicio militar ante el escepticismo y la burla de sus amigos y conocidos. Se habían lanzado como voluntarios para formar parte de procedimientos médicos dolorosos e incómodos con el fin de que se avanzara en la comprensión del cuerpo humano. Resistieron condiciones extremas de calor, frío, humedad y sed en nombre de la ciencia.

Dr. Ancel Keys

Uno de los experimentos requirió que los voluntarios se mantuvieran en cama durante treinta días. Otros analizaron los efectos nocivos ante la ausencia de diversas vitaminas en la dieta de los participantes. Y todos estos experimentos parecían tener un propósito final: producir un soldado americano más fuerte y resistente que pudiera mantenerse en batalla tanto como fuera físicamente posible. Por mucho que estos voluntarios tuvieran la intención de servir a su país, habían sacrificado demasiado el pacifismo que defendían.

Uno de estos sujetos que se había negado a cumplir con el servicio militar era asistente en el laboratorio de Keys, Harold Guetzkow. Él notó el creciente descontento entre los participantes y se lo comunicó a su jefe. Como era de esperarse, los experimentos de Keys también le habían removido la conciencia. Mientras su trabajo contribuía al esfuerzo de guerra, empezó a preguntarse si la investigación podía servir a propósitos más amplios: enfrentar la inminente crisis alimentaria en el continente europeo.

La guerra había desolado las tierras del viejo mundo, destruyendo cosechas y haciendo que franjas gigantescas de tierra se volvieran incultivables para el futuro. Pronto, millones de personas pasarían por hambre. Suponiendo que los Aliados tuvieran éxito arrebatándole Europa al enemigo, una gran suposición, la responsabilidad por alimentar a millones de personas recaería sobre los hombros de los Aliados, y probablemente con mayor peso en el Ejército de los Estados Unidos.

 

Los experimentos sobre inanición.

Pero en ese momento la ciencia tras la inanición no era algo muy bien comprendido. ¿Qué efectos produce la deficiencia de calorías en el corazón, los huesos y en el estado mental de las víctimas? De una forma más práctica, ¿cuál es el mejor método para nutrir a una persona que ha pasado por inanición, incrementar progresivamente la ingesta calórica o proporcionarle tanta comida como pueda consumir? ¿Cuál es la importancia de suministrarles suplementos vitamínicos o proteínicos a medida que recuperan su peso?

Keys creyó que estaba en la posición ideal para responder a todas estas dudas. Contaba con un laboratorio especializado, voluntarios a manos llenas y el apoyo financiero del Ejército de los Estados Unidos. Como un extra, aquellos que no habían querido participar en el servicio militar y que Keys empezaría a matar de hambre en nombre de la ciencia, estarían motivados por la creencia de que estaban salvando vidas del otro lado del mundo, en sustitución de la idea de que ayudaban al ejército a matar a más personas.

El Ejército aprobó la proposición de Keys en el lapso de un año, emprendiendo el estudio sobre la inanición a finales de 1944. Keys distribuyó un panfleto de reclutamiento entre todos los puestos de CPS solicitando voluntarios, enfatizando en el título: “¿Morirías de hambre para que ellos se alimentaran mejor?”. Alrededor de doscientos voluntarios se postularon para los experimentos de Keys. Solamente eligió a 36, aquellos hombres solteros con un peso promedio y con una excelente condición física y mental. Particularmente, Keys eligió a hombres que pudieran soportar la tensión y los estrechos espacios del experimento, y aquellos que expresaron entusiasmo por ayudar a mejorar las condiciones de las personas afectadas por la guerra. No quería voluntarios frustrados o desmotivados entre sus filas que abandonaran el experimento de buenas a primeras.

 

La Fase de Control.

Los 36 voluntarios fueron recluidos en el laboratorio de Keys ubicado bajo el estadio de fútbol de la Universidad el día 19 de noviembre de 1944. Todos fueron hacinados en un solo bunker sin ventanas al interior del laboratorio, pero se les permitió recorrer la ciudad e incluso formar parte de las actividades universitarias. De hecho, los conejillos de indias humanos (como se apodaron a sí mismos) tenían que recorrer al menos 35 kilómetros por semana, aunque en una etapa posterior del experimento, todas estas excursiones incluyeron la presencia de un “compañero” para desalentar el engaño. Solo había una regla: los hombres solo podían comer lo que se les daba en el laboratorio, cada gramo de esa comida era pesada y registrada antes de ser entregada.

Durante la fase de control, que se extendió por doce semanas, los voluntarios fueron medidos, pesados y ejercitados para determinar su estado basal de salud, peso y consumo de calorías. Los hombres se sentían bien. Sentían orgullo por el trabajo que estaban desempeñando, aunque la parte dura del experimento aún no había comenzado. Se deleitaban con largas caminatas en la ribera del río para completar los 35 km semanales. Una competencia amistosa surgió entre los voluntarios mientras los investigadores probaban su resistencia física con carreras extenuantes sobre una caminadora. Tras veinte minutos de caminata cuesta arriba, cada hombre debía correr a 11 km/h en una pendiente durante cinco minutos, o hasta que se derrumbara. Tras la primera prueba doce de los voluntarios pudieron presumir que habían recorrido los cinco minutos completos.

Keys incluso requirió la asistencia de oradores e instructores para que les proporcionaran a los voluntarios 25 horas semanales de clases sobre sociología, ciencias políticas y lenguaje. Estas “clases de alivio” tenían como intención preparar a los hombres para que viajaran al extranjero y ayudaran en los esfuerzos de auxilio en Europa, obviamente después que el experimento y la guerra hubieran terminado. También sirvió para mantenerlos ocupados durante las primeras fases del experimento, y permitió a los investigadores analizar el deterioro mental de los participantes a medida que avanzaba el año. Algunos voluntarios recibieron bien estas clases gratuitas de la universidad y tomaron clases de francés y derecho. Uno de ellos se unió a una representación teatral de cinco actos en el campus llamada El burgués gentilhombre.

 

Fase de Inanición.

Pronto la fase de control terminó y arrancó la fase de inanición. Durante 24 semanas, la ingesta de calorías por parte de los voluntarios fue reducida a la mitad y su salud, peso y estado mental eran monitoreados de forma constante. Los efectos de la restricción calórica en los hombres, en su mayor parte, no resultaban sorprendentes. Su grasa corporal se consumía, haciendo que sentarse sobre una silla de madera o metal fuera algo doloroso. Muchos de los voluntarios llevaban cojines para sentarse durante las conferencias de los oradores invitados, y generalmente dormían durante las ponencias a menos que el orador mencionara la comida, momento en que despertaban y escuchaban con atención.

La carencia de grasa corporal también se tradujo en que los hombres pasaban frío todo el tiempo. Su temperatura corporal promedio descendió casi un grado, y su ritmo cardiaco promedio cayó a un lento ritmo de 35 latidos por minuto. Los hombres perdieron el interés en las mujeres, en su lugar pasaban las noches hojeando libros de cocina. Las comidas, que entregaban en cantidades meticulosamente medidas y que incluían alimentos como papas, col y pan, se convirtieron en el principal enfoque de sus vidas. Empezaron a perder interés por la guerra y el mundo más allá del laboratorio.

Quizá los efectos psicológicos resultaron peores. Dos hombres fueron despedidos del experimento por intentar engañar a los investigadores, uno abandonó su participación debido a un problema médico, otro por problemas psiquiátricos, y un tercero llegó al punto de cortarse tres dedos con un hacha en un intento desesperado porque lo despidieran del experimento sin que lo consideraran un cobarde.

 

La rehabilitación.

A medida que el experimento de Keys se quedaba sin sujetos de prueba, el médico se enfrentaba a otro problema: las guerras en Europa y Japón llegaban a su fin, los campos de prisioneros estaban atestados de gente hambrienta que era liberada paulatinamente y los esfuerzos de los Aliados se estaban enfocando en mitigar los efectos de la hambruna. Pero el final de su experimento no estaba a la vista. ¿De qué serviría su trabajo si no podía publicarlo hasta mucho después de terminada la crisis?

Finalmente, a lo largo de las últimas doce semanas, en la fase de rehabilitación restringida, los hombres fueron divididos en cuatro grupos, cada grupo con un aumento de calorías que iba de 400, 600, 800 y 1,200 calorías. Algunos recibieron suplementos vitamínicos o proteínicos para medir los efectos de las diversas técnicas. Un número de hombres se quedó durante ocho semanas más para la fase de rehabilitación no restringida, donde podían comer tanto como quisieran, pero seguían siendo vigilados y estudiados.

 

Las conclusiones.

Uno de esos descubrimientos en el experimento de Keys fue que los suplementos vitamínicos y proteínicos tenían un efecto muy pequeño en el paciente cuando se trataba de rehabilitar a víctimas de inanición. El factor más importante de la rehabilitación simplemente fue la cantidad de calorías suministradas durante la realimentación. Keys también encontró que, aunque estaban débiles, las víctimas de inanición podían seguir consumiendo calorías por la boca sin tener que recibir alimentos por tubos u otros dispositivos. Muchos esfuerzos para aliviar el hambre se enfocaron en enviar suplementos y aparatos de alimentación al extranjero, por lo que este resultado fue muy importante.

Dan Miller durante de la semana 24 de inanición y durante el periodo de rehabilitación. La pérdida del 24.5% del peso corporal de Miller fue algo típico en el proceso.

El experimento de Keys finalizó en el mes de diciembre de 1945 con 32 voluntarios (incluyendo al hombre que se había cortado los dedos, al que se le permitió seguir participando). Aunque tomó varios años para que Keys analizara y publicara los resultados, alentó a su asistente, el psicólogo Harold Guetzkow, para que publicara un folleto ilustrado de 70 páginas en enero de 1946. En Men and Hunger: A Psychological Manual for Relief Workers se resumieron los resultados del experimento y proporcionó instrucciones prácticas sobre la mejor forma de rehabilitar a una población hambrienta.

 

La biología de la inanición humana.

Finalmente, ya en 1950, Keys publicó el acervo en dos volúmenes de 1,385 páginas. The Biology of Human Starvation es un documento particularmente útil en nuestros días, especialmente en el tratamiento de trastornos alimenticios, pues detalla las alteraciones mentales de la inanición. Estos síntomas deben ser los primeros tratados en pacientes con desórdenes alimenticios, antes que las causas psicológicas subyacentes del trastorno puedan ser identificadas y manejadas.

Keys llegó a aparecer como portada de la revista Time en 1961.

Pero el mismo conflicto que había motivado el Experimento de Inanición de Minnesota también impulsó tal extremo de la experimentación científica con humanos en el lado enemigo. Mientras Keys escribía sus resultados, El Juicio de los médicos en Núremberg revisaba los horribles experimentos conducidos por investigadores nazis sobre sus prisioneros.

La comunidad médica prometió que dichas atrocidades jamás volverían a suceder, y para ello desarrollaron el Código de Núremberg, y más tarde la Declaración de Helsinki, delimitando los límites éticos de la experimentación medica con humanos. Pese a la naturaleza voluntaria del experimento de Keys, bajo estos estándares, es improbable que un estudio similar pueda acontecer nuevamente. Eso quiere decir que probablemente jamás se pueda replicar el trabajo de Keys, y que The Biology of Human Starvation seguirá siendo el trabajo seminal sobre la ciencia de la inanición en seres humanos.

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