El solitario Árbol de Teneré

Dado que los árboles son seres vivos que crecen en abundancia por todas partes, resulta raro que alguno llame la atención de todo el mundo. Algunos árboles pasan a la historia debido a su relevancia en determinado acontecimiento. Por ejemplo, se dice que el árbol de la Noche Triste fue el sitio donde lloró Hernán Cortez tras sufrir la derrota a manos de los mexicas; el árbol de Bodhi en la India es conocido por ser el punto donde Siddhartha Gautama (Buda) se sentó a meditar alcanzando la iluminación espiritual.

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Árbol de Teneré en 1961

Algunos otros árboles son considerados muy importantes debido a su rareza y a los records que ostentan. En California podemos encontrar a una secuoya gigante apodada General Sherman que ostenta el record del árbol más grande del mundo con alrededor de 1450 m3, en Nevada tenemos a Prometeo, un pino longevo con alrededor de 5000 años de antigüedad que se considera el árbol más antiguo del mundo. Hoy resulta difícil determinar con precisión cuál es el árbol más remoto en nuestro planeta. Durante algunos años esta honorable distinción perteneció al Árbol de Teneré, una acacia que se erguía solitaria en el inhóspito y basto desierto del Sahara. Pese a esto, el árbol tuvo un final bastante inesperado en el año de 1973.

A veces referido por los franceses como el “arbre du Ténéré”, miles de años antes este tipo de árbol formaba parte de un bosque de tamaño considerable. De forma gradual, el cambio climático transformó el área en un desierto en el que toda la vegetación pereció. La región de Teneré se convirtió en una de las zonas más inhóspitas, con escaza vegetación y un promedio anual de lluvia de apenas 2.5 cm. El agua finalmente escaseo hasta debajo de la tierra. En algún punto en los albores del siglo XX, un pequeño grupo de acacias espinosas con flores amarillas era todo lo que quedaba del bosque de Teneré. Al pasar el tiempo, todos los árboles murieron menos uno, convirtiéndose en el único árbol existente en un radio de 400 kilómetros.

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Ya puedes imaginarte aquellas interminables zonas repletas de arena interrumpidas por algo tan improbable como un árbol en el medio de la nada. Visible desde una distancia considerable, se convirtió en un punto de referencia para los viajeros. Su capacidad de subsistir en una mancha desértica que no perdona a nadie resultaba un completo misterio, pero aquellos que pasaban por el lugar dedujeron que bajo este ser vivo debía existir una fuente de agua. Durante la transición entre los años 1938 y 1939, los militares franceses ordenaron excavar un pozo en las cercanías para incrementar la utilidad del lugar. Los trabajadores descubrieron que el sistema de raíces del árbol extraía agua desde una fuente situada a unos 35 metros de profundidad. En algún punto durante o después de la construcción de este pozo, un camión de la compañía impactó contra el árbol y rompió una de sus ramas principales. El árbol se las arregló para superar el incidente, aunque su peculiar forma en “Y” se había perdido para siempre.

En las décadas posteriores, las caravanas que comerciaban sal, granos y semillas a través del Sahara solían detenerse en este punto para reabastecerse de agua en el pozo. El árbol era tan importante para orientarse en aquel inmenso y estéril desierto, que dañarlo era un acto inconcebible. Como lo describió Michel Lesourd del Servicio central de Asuntos Saharianos: “La acacia se ha convertido en un faro viviente”. Aparecía en mapas a gran escala del desierto como el único punto de referencia.

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Para la década de 1970 las caravanas de camellos fueron sustituidas por caravanas de camiones. En 1973, uno de estos camiones era conducido por un hombre libio – supuestamente alcoholizado – y pese a que el terreno era totalmente plano y amplio perdió el control del vehículo. El camión terminó saliéndose del camino con tan mala suerte que atropelló al único árbol en toda la región. Este segundo impacto fue demasiado para el Árbol de Teneré, su tronco se había roto. Se estimó que para ese entonces tenía unos 300 años de edad.

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A la izquierda el monumento hecho de material reciclad y a la derecha el destino final del Árbol de Teneré en la ciudad capital de Niger.

En noviembre de ese año los restos del árbol fueron recuperados y llevados hasta el Museo nacional Boubou-Hama en Niamey, Níger, donde todavía es posible apreciar los restos de este árbol legendario. En la ubicación original del Árbol de Teneré, un artista anónimo edificó un monumento de metal construido a partir de tubería reciclada, barriles y autopartes. Solo por esto la ubicación sigue en pie como un punto de referencia – al menos hasta que al próximo libio borracho se le ocurra pasar por ahí.

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