En dos generaciones seremos completamente olvidados

Hace poco leía un artículo sobre lo efímero que resulta nuestro paso por la existencia, uno de esos textos ideales para bajar el ego y colocar todo en su debida dimensión. Dicen que las personas mueren dos veces: la primera cuando el corazón deja de latir y la segunda cuando alguien menciona sus nombres por última vez, cosa que generalmente sucede después de apenas dos generaciones.

En el escrito se cuestionaba si era algo que debía incomodarnos, el hecho de que la mayoría seremos olvidados de los bisnietos en adelante. Pero lo que más llamó mi atención fue una pequeña historia que sirvió como introspección para ejemplificar que el futuro es más una consecuencia directa de nuestro presente que una meta a la que hay que llegar.

 

La talentosa Jacqueline du Pré.

Jacqueline du Pré fue una violonchelista británica, artista prodigio que destacó en el siglo XX. Empezó a tocar cuando tenía apenas cuatro años de edad y muy rápido empezó a hacer grandes presentaciones por todo el continente europeo.

Cierta ocasión, cuando tenía seis años, la niña corría y saltaba con su violonchelo por los pasillos de un teatro con una sonrisa enorme en el rostro, de pronto es interrumpida por uno de los empleados del lugar:

– “¡Pero cuánta alegría, jovencita! Apuesto a que tu presentación fue todo un éxito, ¿verdad? Felicidades”.

Ella respondió:

“No, todavía no me presento. Ahora es que voy al escenario”.

No importa que en la actualidad muy pocas personas recuerden a Jacqueline Du Pre. La talentosa música murió en el año de 1986, a los 42 años de edad, tras una ardua batalla contra la esclerosis múltiple que le impidió seguir tocando a los 27 años.

Pero ese día, con tan solo seis años, tenía tantas ansias de tocar el violonchelo que corría en dirección a un punto incierto en el futuro, una situación que para la mayoría de las personas es motivo de miedo y preocupación. Estaba feliz y se sentía realizada porque estaba yendo hacia el escenario y no porque había salido de él.

La moraleja de esta anécdota es que, mucho más importante que preocuparnos por ser recordados de aquí a dos generaciones o por mirar hacia atrás y pensar “misión cumplida”, es jamás olvidarnos de correr y saltar en dirección a las cosas que cada nuevo día nos presenta. Es hacer lo mejor ahora, sin pensar en nuestro legado como un objetivo en sí, o en gastar nuestro presente imaginando lo que podría suceder después. Es reubicar el placer y la felicidad de vivir en el antes y el durante y no quedarnos a esperar por el “¡uf, lo hice!”.

¿Tienes una presentación importante pronto? (en un escenario, en el trabajo, en una plática con otra persona, una cirugía, frente a tus alumnos, un examen… lo que sea, cualquier “presentación”). Por supuesto, debes prepararte lo mejor que puedas. Pero jamás te olvides de correr y saltar en el camino. Como lo hacía la pequeña Jacqueline du Pré, ansiosa por el acto y no por la aprobación. Con alegría, sonrisa, emoción y consiente del momento mágico que te espera y que vas a proporcionar.

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Reflexión
  • x4 Ene 11, 2017

    pues se dedican a tener hijos que no pueden mantener, en lugar de dejar un buen legado para ser recordados los imbéciles. Es por eso que en la antiguedad se ganaban los títulos como ” hijo de” puesto que su padre hacía algún acto heroico o grande, hoy en día solo se tiene que estudiar para ganar un documento pitero por partes de la educación, en lugar de hacer algo más y añadirlo al curriculum de vida, es por eso que en peliculas como en el señor de los anillos, mencionan nombres tan largos, ya que era el título de nobleza o gallardia con la que eran recordados o reconocidos, otro ejemplo sería BeeWolf conocido era el cazador de monstruos, asesino de la hydra, del dragon etc.

  • Mauricio Ene 11, 2017

    Muy buen pensamiento, me deja ver que hay que aprovechar mas el tiempo y no dejarse aplastar por el peso de la vida que nos toca vivir

  • Royalteck Ene 14, 2017

    ¡Fantástica lectura!

  • Chavo Loco Ene 16, 2017

    ai laiquit

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