El desenfreno sexual en los Juegos Olímpicos

En las olimpiadas de 2008, tres jugadoras del equipo sueco de balonmano le hicieron una pregunta al técnico de Usain Bolt: “¿Está bien si entramos a su habitación para felicitarlo por su medalla de oro?”. El entrenador accedió. Y las felicitaciones de las suecas hacia el corredor jamaiquino se extendieron más allá de los 90 minutos, entre cuatro paredes y a puerta cerrada.

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A nadie le pareció nada del otro mundo: el sexo libre es casi una regla en los Juegos Olímpicos, sin excepciones. “Entre el 70% y 75% lo practican”, declaró el nadador estadounidense Ryan Lochte, oro en los 400 metros medley en Londres, en una entrevista a ESPN.

Hope Solo, futbolista del equipo femenil estadounidense, lo confirma: “Si no guardas disciplina, la villa puede convertirse en un infierno de distracciones”. Disciplina aparte, Hope confesó que también ha tenido sus “queveres” olímpicos, pero ni siquiera eso logró que perdiera la concentración. Sus dos preseas de oro, de Londres y Beijin, están como prueba.

Después de todo, los atletas de elite generalmente son jóvenes, atractivos, extremadamente saludables y se encuentran en el cenit de su actividad sexual, pero no todos arriesgan la medalla. Y es que el frenesí sexual generalmente tiene lugar en la última etapa del evento, cuando el trabajo ya terminó para la mayoría de los participantes. En esta etapa las cosas de verdad llegan a descontrolarse.

Que lo cuente Josh Lakatos, del equipo de tiro al blanco de los Estados Unidos. Cuando el equipo terminó eliminado, los jefes de la delegación estadounidense le solicitaron de vuelta las llaves del lugar donde se encontraba el equipo (una casa de tres pisos en la villa olímpica de Sydney). Lakatos entregó las llaves, pero sabía que sería imprudente interrumpir a sus muchachos. Como veterano en Sydney, estaba completamente enterado de que la villa sería escenario de una de aquellas orgías que harían al mismo Calígula enrojecer. Para no echarles a perder la fiesta, básicamente averió la puerta de la casa.

Con esta maniobra aquella casa se convirtió en un lugar seguro donde practicar el deporte más antiguo del mundo. “Me convertí en un administrador de motel”, bromeó Lakatos en una entrevista a ESPN. “Nunca vi tanta cachondería en mi vida”. Y ni siquiera necesitaba administrar un nido de amor para atestiguar todo eso. Existen relatos de sexo al aire libre, pues no todas las parejas (o tríos, cuartetos, etc.) pueden obtener un lugar secreto como el de Lakatos.

 

Protección ante todo.

Es por eso que en versiones pasadas de los JJ.OO. el comité ha venido distribuyendo cantidades colosales de preservativos en la villa olímpica. En los próximos Juegos Olímpicos de Brasil 2016 se estima que se distribuirán un total de 450 mil condones, alrededor de 45 por atleta. Tres por día de participación. Tomando en cuenta que cada pareja olímpica solo necesita de un preservativo en cada ronda, el promedio de relaciones sexuales que ha estimado el Comité Olímpico es de seis por persona en cada día de competencia. Pero, como una cuarta parte de los atletas no suele entrar en estas prácticas, el 75% de los sexualmente activos en la villa debería superar sin problemas esa marca.

hope solo belleza

¿Pero, de dónde viene tanta pasión? Empecemos por decir que la cantidad de energía que almacena un atleta de elite es realmente enorme e inimaginable para un ser humano promedio. El consumo promedio de calorías en la villa olímpica – para que te hagas una idea – es de 9 mil por atleta.

Si llegaras a consumir unas 10 mil calorías en un lapso de 24 horas, probablemente dormirías tres días seguidos. Pero con los atletas las cosas son diferentes: sus cuerpos son plantas de procesamiento de energía y las calorías el combustible de alto octanaje. Súmale a eso el hecho de que son confinados en espacios reducidos y que la vestimenta de entrenamiento no precisamente son los hábitos de un sacerdote o la túnica de un fraile. Y allí tienes. Cualquier chispa es suficiente para encender aquella bomba de pasión.

Pero no solo su cuerpo explica ese fuego olímpico. La mente de los atletas también tiene un papel importante. Su cerebro es tan diferente al de nosotros como su musculatura. “Los atletas son extremistas. Cuando entrenan tienen la concentración de un rayo láser. Cuando salen a tomar una cerveza, son 20 cervezas…”, explica Hope Solo, la morena ojos azules de la fotografía anterior.

Es así. En este evento se une la intensidad de la mente y del cuerpo de los pocos humanos capaces de disputar una olimpíada para ejecutar performances memorables, y buena parte de ellos sucede muy lejos de nuestras miradas.

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